Mucho tiempo sin darte algo de valor por acá. Me acabo de dar cuenta de que últimamente me pasé tirando cursos, seminarios y propuestas. Pero también es verdad que ustedes me los piden… y me hacen trabajar mucho, mucho, mucho, mucho. Y no es que me moleste. Al contrario, me encanta. Pero también necesitaba volver a sentarme a compartir algo que no fuera simplemente “vení a este curso”.
Así que hoy quiero hablarte de algo que estuve pensando después de un seminario personalizado.
Hay una frase que escuchamos toda la vida: “la práctica hace al maestro”. Y sí. Pero hay algo que para mí falta en esa frase. La práctica hace al maestro cuando alguien te ayuda a ver qué tenés que corregir. Porque si hacés lo mismo cien veces, pero nadie te marca dónde estás fallando, probablemente no estés perfeccionando tu técnica. Estés perfeccionando tu error.
Hace poco, en un seminario de iluminación y mechas, explicamos una forma diferente de trabajar. El profesional escuchó, practicó… pero terminó haciendo lo que ya hacía siempre. Y me quedé con una sensación medio amarga. No porque lo hubiera hecho “mal”, sino porque sentí que se había perdido lo más importante de la capacitación: la posibilidad de hacer algo distinto.
Y ahí entendí algo que también me pasa a mí. A veces no necesitamos más información. Necesitamos que alguien nos haga ver lo que todavía no estamos viendo. Porque cuando sos consciente de algo, podés trabajar para mejorarlo. Pero cuando ni siquiera sabés que existe una oportunidad de mejora, es muy difícil avanzar.
Por eso creo tanto en elegir bien a las personas que te acompañan en tu formación. No solamente alguien que te enseñe. Alguien que te observe. Que te cuestione. Que te corrija. Y, sobre todo, que te haga salir un rato del piloto automático. Porque aprender no es solamente incorporar algo nuevo. Muchas veces es darte cuenta de algo que ya hacías, pero que podías hacer mucho mejor.
Y hablando de aprender… las Matemáticas del Color me están dejando realmente sorprendido. Estoy viendo cuánta gente trabaja todos los días con color y prácticamente no utiliza el cálculo para tomar decisiones. Y cuando empiezan a aplicarlo, pasa algo muy interesante: todo se vuelve mucho más fácil. El diagnóstico es más claro. La fórmula tiene más sentido. Y empezás a entender por qué el resultado debería ser uno y no otro.
De hecho, estoy trabajando muchísimo en eso. Y también estoy pensando en nuevos proyectos para todo lo que viene, incluso algo que hace tiempo tengo dando vueltas: desarrollar mi propia plataforma para la mentoría. Veremos qué sale de ahí.
Por ahora, lo que sí te puedo contar es que se vienen novedades. Y si todavía no conocés Arquitectura del Color, en agosto tenés una nueva oportunidad para sumarte. La idea era comenzar en diez días, pero voy a correr el inicio para fines de agosto porque esta seguidilla de eventos me complicó un poquito la organización. Así que vamos a hacerlo con calma y como corresponde.
Y el próximo domingo nos encontramos nuevamente desde la UPU.
Mientras tanto, seguí practicando. Pero esta vez, además de practicar, buscá a alguien que te ayude a ver. Porque quizás el próximo salto que necesitás no sea aprender algo nuevo. Quizás sea descubrir qué estás haciendo en automático.
Y como siempre, te espero con un café. Si respondés este mail, te envío un beneficio exclusivo para asistir al seminario: 50% de descuento. La inscripción pasa de $1.900 a solo $1.000. Si preferís inscribirte directamente, te dejo el link: mpago.la/2mgzHvi
El acceso lo gestiona Alejandro Monteiro de UPU. Si ya entraste, pedime el contacto.
Colorín colorado… la práctica no hace al maestro, la corrección sí.